En el año 2010, la subcultura hipster y la música indie iniciaban su auge. Poco tiempo después, pasaron a convertirse en cultura masiva y tan pop como el mainstream que criticaban. Hoy en día, podemos afirmar que lo mismo está sucediendo con la cultura “quinqui” y la música trap. Cada vez consiste menos en una contracultura que critica la fatiga de la lucha por el éxito social o las desigualdades, y cada vez más en posar con un chándal y unos aros de oro.
Yung Beef, precursor y estrella del trap en España, ha pasado de recoger chatarra con trece años por las calles de Granada, a posar para marcas como Calvin Klein y desfilar para Diesel o Pigalle en París.
El quinqui hoy se vive como un “juego” y un “show off” en el que intervienen factores como la ironía y la resignificación de la iconografía “choni” o de la calle. En España, el movimiento está influido tanto por la cultura quinqui de barriada española de los 70, como por el gángster estadounidense y el chandalismo de las Kardashian.
Pero, ¿cómo de masivo es?, ¿está aquí para quedarse?, ¿por qué está sucediendo esto?